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12/5/2008 Primero fueron las mujeres, bajo mordazas tradicionalmente democráticas, las que sufrieron represión y mentiras; después fue la homosexualidad a la que se persiguió con censuras, inadmisible moral castigada hasta nuestros días.
Últimamente alucino. Sí, sí,… alucino. Hace unas dos semanas saltaba a los periódicos una clara evidencia de que el “siglo XXI” es una mera invención publicitaria de Windows. Un hospital público madrileño proporcionaba a un enfermo de Sida una “Guía informativa sobre el SIDA para jóvenes”.
Según esta guía, el mejor remedio contra el SIDA es la castidad. La misma desaconsejaba el uso del preservativo y sumaba a sus lindeces lo siguiente:
"la homosexualidad se asocia con más frecuencia al contagio de enfermedades de transmisión sexual y trastornos mentales como ansiedad y depresión. (…) hay que ser comprensivo y ayudar a las personas con hábitos homosexuales y, en lo posible, hay que ayudarles a solucionar su alteración conductual".
Todo esto por supuesto estaba basado, según los responsables de la guía, en evidencias científicas publicadas.
Las casualidades de la vida hacen que piense en la similitud del caso con el acoso y derribo que en muchas ocasiones ciertos partidos conservadores y religiosos, y la propia Iglesia han perpetrado a los homosexuales y sus derechos.
Al parecer la guía ya ha sido retirada de la circulación y el hospital ha abierto una investigación de la que se tomarán las medidas oportunas.
Anoche mismo, también por casualidad, pude escuchar una versión radiofónica sobre el mismo asunto. Un moderador de voz cándida y amigable me explicaba a mí y a saber cuántos desgraciados más, una especie de cuento de ciencia ficción sobre el contagio del Sida entre homosexuales. Pero esta vez con tópicos tradicionales renovados: átomos que entran en contacto, energía negativa y positiva que explosiona… sí, sí, he dicho explosiona. Por supuesto todo estaba basado en evidencias científicas publicadas.
No contento con el repertorio de mentiras que ofrecía dio paso a una respingona voz acelerada que se empeñó en hacernos creer, con un cinismo impresionante, que no debíamos abrazar a alguien enfermo de Sida porque estábamos llamando a la puerta a la infección. Tampoco debíamos compartir ropa, ni besar, ni follar con ellos. Y digo follar y no hacer el amor simplemente porque sé que esta palabra le resultaría de lo más lasciva a esta señorita que anoche casi me hizo vomitar.
La castidad no pudo faltar a aquel sermón de domingo aliñado con adjetivos despectivos y humillantes para la inteligencia humana.
El nudo que tengo en la garganta desde hace meses sólo me dejaba soltar gruñidos, arrebatos poco educados para una “futura” profesora.
Hasta el momento no he conseguido encontrar el nombre de la emisora que anoche hizo que me acostará… de mala ostia (con perdón). Mi único dato es el dial, 88.8 FM, pero no pienso parar hasta encontrarlo porque no me puedo quedar callada.
Mis últimas ocupaciones me han hecho retomar mis apuntes de 1º de carrera de Literatura Medieval. Allí entre cantigas y lazarillos encuentro:
Enero de 2001
“La imagen de la figura femenina en la Edad Media formaba parte de la dicotomía Eva/Ave. La mujer, que pasaba de la autoridad de su padre a la de su marido, debía ser corregida en su tendencia a la luxurĭa. La Iglesia quería regular los contactos maritales para que no llegasen a una perversión. Las relaciones sexuales sólo con fines procreadores. Debía haber continencia. Ésta quedó reflejada en un calendario:
- Contención durante las 3 Cuaresmas del año: Semana Santa (25 días) Navidad (10 días) Pentecostés (5 días)
- Contención durante la menstruación (sangre impura de la mujer) 7 días x 12 meses (84 días) También la semana siguiente a cada menstruación para purificar el cuerpo (84 días)
- Contención durante la Fiesta de Guardar, domingo (48 días)
- Contención los días de ayuno (48 días)
- Contención los días de Penitencia (48 días)
Días totales de contención al año= 362.
Además de la contención durante el embarazo y la lactancia (9 meses + 4 meses).”
La verdad es que con el tiempo todo esto lo recuerdo con bastante gracia, pero también está ese gruñidito poco contenido del que hablaba antes. Creo que la reflexión está bastante clara. Aunque siempre puede haber alguien al que le parezca razonable. En fin, de todo hay en las viñas del Señor.

5/30/2008
La desesperación
no llora aún, muy seca.
(Homenaje. Jorge Guillén)
Soy una ilegal más en el instante imperfecto una huérfana abandonada y sin memoria entre la ingrávida veleta del miedo. Soy una ilegal más. Una más sin papeles en regla a la que se le hace difícil hablarle al tiempo que aún no existe. Cavo en la tierra, entre mi voz y mi cordura, y no encuentro un escondite que me lleve en carabela hasta el tesoro. Soy una ilegal más en un calabozo del destino donde las luces de la ciudad se apagan despacio y la constante luz de mi voz sueña despierta. Qué difícil gritar desde dentro y en silencio.
2/22/2008
Juguemos a analizar sintagmas de pedida
y a reírnos de las tardes de tormenta
de arroz, Champagne…y orquesta.
Aunque sólo sea un juego:
Juguemos a nacer cada día
sacándole partido al amor sin alianzas,
sin tías lejanas ni tacones que nos rujan.
Tú y yo no necesitamos todo eso
aunque nos separen cada día
cinco kilómetros de impaciencia,
bombillas politécnicas
y clases, nada magistrales,
de la historia de un país que nos castiga
como si fuésemos críos
…casi siempre contra la pared.
No necesitamos todo eso
para poner comas a nuestras vidas
y respirar en los semáforos
sin sentirnos culpables
por el intercambio de conciencias al volante
tuteladas por inercias poco humanas.
Contigo el silencio es menos duro
…hasta tiene melodía.
Juguemos a ser felices día a día
aprendiendo a perder para que gane el otro,
aprendiendo a ganar
sin olvidar que alguien pierde.
Juguemos a llevarnos la corriente a carcajadas,
haciendo pulsos con la mente hasta llorar.
Con la ingenuidad del amor… por solución.
Ganan dos.
-PUBLICIDAD DEL SIGLO XXI-
2/15/2008 "En ciertos arrabales de la pena
suele brotar un poco de alegría"
Mario Benedetti
Asumo un alarido cohibido
sin un verbo adecuado
para esta lengua laxa, agujerada de silencios
y mordiscos aquilatados uno a uno,
que pide a gritos una tormenta de cartones
que elimine de plomazo esta basura que nos rodea.
Que nos asfixia cada día
aunque cada viernes
nos arañen las cañas por las venas
y la miseria no tenga color en la razón.
Te recuerdo que te di la contraseña
de la alarma de mi grito,
y subsisto casi casi… indefensa,
sin capa de invisibilidad que me proteja,
sin capacidad de camuflaje para el fuego
en el autobús nº 9 de este asalto.
Entre las sábanas de este letargo diligente
voy expensas de alterar al mundo con mi grito
sin ser el blanco inquisitivo
de un somnífero recetado:
dejo sitio a un sueño… por soñar
y retengo esa sonrisa que me alienta.
-La que me susurra a los latidos
y me dice que sonría justo cuando esté saliendo el sol
y que grite, pero que grite muy alto
que grite en la mañana con más eco de esta ciudad.
Y que no finja por miedo, que finja para aprender:
guardando esta vez todos los silencios
reservando la coherencia para otro momento-

1/25/2008
El próximo 5 de febrero el Tiempo del Absurdo viajará astralmente hasta Valencia, exactamente hasta la Itersindical Valenciana. Carteles de teatro e ilustraciones de Stella Vila inundarán la exposición con una especial percepción de la obra dramática de Samual Beckett. Una visión del teatro del absurdo llena de fascinantes descubrimientos. Las ilustraciones susurran detrás de la oreja, nos piden que las descubramos.
Si nunca evitarán que no lo intente otra vez.
Si nunca sus palabras serán un obstáculo en la carrera
(aunque sus caras acusen, sin frenos),
tal vez lleguen a pensar que dan miedo...
Puede que intenten confundir débilmente
el segundo tras segundo que respiro,
tal vez alcen sus cejas inspirando... Caerá.
La próxima avenida que cruce tendrá el semáforo en rojo,
pasaran de cebra en cebra,
creyéndo que ignoro que existe un color verde.
Sabiendo todo esto, sólo puedo preguntarme
a qué estoy esperando para vivir. Sin prisas,
disfrutando de cada segundo que tengo para sonreír,
para leer el póster de la parada del 9 y escuchar esa canción;
para meter las manos en los bolsillos y ensancharlos una vez más.
¿Qué hago? ... cuánto más lo pienso... más horas pierdo.
Tomaré un café a deshora
y por la noche escribiré poemas sin ser persona. 1/18/2008 Querido amigo: Última página. ¿Qué digo página? Puedo contar las palabras que quedan con los dedos de mis manos. Suelo pensar de esta forma cada vez que acabo un libro. Mis dedos no tropiezan y mi agudeza visual se multiplica por mil intentando adelantar al corazón en la agitada tarea de leer para acabar. Melancólico y agitado acto el de una despedida. Sólo es eso. Un gesto de adiós: bienvenido a su hogar. Mi humilde memoria. Cuando alguien te regala palabras, siempre puedes devolverle el favor y agradeces su generosidad con una sonrisa, una mirada de complicidad hacia un rostro espléndido. Pero cuando esas palabras te las regala un libro, su última hoja te deja triste, con miedo a leer la última frase. ¿Cómo darle las gracias por tantas palabras? Sí, también merece una sonrisa y una mirada de complicidad, pero son gestos algo egoístas; al fin y al cabo, te los quedas para ti: En silencio efectúas un pequeño ritual de despedida y en un gran saco lo metes todo: las palabras, la sonrisa y la mirada callada. La única esperanza es saber que cada palabra es la semilla de otro nacimiento. Un escalofrío y sentirás el magnetismo de otro libro. Sin duda es la mejor forma de agradecimiento. Gracias, PD: la soledad no será lo mismo sin ti. Silvia “He odiado las palabras y las he amado, y espero haber estado a su altura” La ladrona de libros, Markus Zusak  12/7/2007
Cree el hombre que nada es superior al hombre mismo: ni la mayor miseria, ni la mayor grandeza de los mundos, pues todo lo contiene su deseo.
El porqué de las palabras. Francisco Brines.
Qué curioso, el sol calienta el hielo, pero no se deshace, simplemente avisa de su existencia al mundo. Parece que la tierra está en continúo terremoto, pero un terremoto silencioso, a simple vista sin escalas ni imágenes en las noticias. Envolvemos nuestros discursos, ahora lo sé, por miedo. El miedo nos paraliza, nos ata de pies y manos a nuestro ego y los pasos que damos sólo están en nuestra imaginación, por eso tratamos de mirarnos al espejo fiel, el que nos dice lo guapos que somos y nos oculta la vieja patraña del respeto.
Acabamos creyendo ser hologramas de nitidez perfeccionada a base de quirófano y terapia, ¿pero hay algo más que nos importe? Justificamos nuestra estabilidad a base juicios ajenos buscando desesperadamente la aceptación del otro, que no es más que un reflejo de nosotros mismos envuelto en una espiral de diplomacia pública. ¿Por qué? ¿Acaso una actitud así evita las lágrimas del único segundo del día en que vives y sientes la realidad?
Así seguimos, a la espera de la aprobación mundial en busca y captura de la imagen de devolución, la fácil, la que no exige esfuerzo alguno por comprender, entender y conocer al otro desde un punto de vista que no sea el de nuestro propio ego. Y ya no hablemos del absurdo deseo de hacer las cosas sin esperar nada a cambio porque siempre habrá algún espejo que te pida propina. 11/10/2007
Respirar así,
con el único pensamiento en el pecho
de tres locomotoras de carbón acelerando,
levantando el cuerpo entre las olas;
buscando en esta pieza la humedad.
Y yo así, ya sedienta.
A dos centímetros de mi propia piel
viendo una película de los años veinte
sin la voz de lo que siento,
pero experimentando un nocturno brutal
con los ojos de escalofrío empático.

10/3/2007
“…Esta acumulación de paradojas exige un comentario y una pausa. (Las palabras se pueden urdir y desurdir, hasta no decir nada, queriendo decir todo.) Cualquier hombre es ninguno, y es legión y es nadie y uno mismo. Y ahora que ya lo sabes, date cuenta: estás equivocado por completo…”
(Uno y ninguno. Carlos Marzal)
La tarde es verde, mis oídos se disipan sin oxígeno
a la música de mis latidos
y en la ventana ellas se mueven,
miman acrobacias de delirio compartido.
Aplicadas en su papel de mortales,
el otoño está presente
en sus hojas indecentes.
Osan contonearse frente a mí
sudan desde dentro:
elixir de mi trastorno.
¿Quién recorre tus dedos esta vez?
¿Es el viento o es mi lengua?
¿Qué acaricia tu mágica silueta ancestral?
Suceden despropósitos llenos de esperas:
codicia hecha al horno,
crujiente al estallido; besos y abrazos
Parecemos tías: pantomimas
de pueblos sin nombre, ni fecha… ni Iglesia.
¡Compartamos la tarde, el xilum, el aire…!
(Oración a la Pachamama, reliquia del sabio)
¡Y olvidemos que somos,
que fuimos!
Algún día seremos con voz y de voz
y el nombre de humo
(al fin y al cabo,
aprendimos a hacer la o con un canuto).
I let's be what you think
Es de ellas la tarde.

9/28/2007 Bajarse al cielo
con los bolsillos llenos de pienso
de una mala
temporada.
Encerrados en urnas de cieno,
en pateras milenarias
que buscan la salvación
de las especies
y encuentran en las profundidades
del océano
el auxilio del diablo
(como el arca de Noé,
pero el cerdo
lleva salvavidas esta vez).
En el atúd del sol
descansarán un par de huesos
de tí, de mí o de...
siempre de alguien especial
a quien reducir a cenizas,
sin olvidar eso de:
polvo somos
y en polvo nos convertiremos.
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7/27/2007
La semilla infértil y el hombre ingenuo.
Eugenio siempre esperaba a que ocurriesen las cosas. Siempre esperaba asomado en la ventana a que nevara los días de poniente durante sus vacaciones de agosto. – ¿No sería magnífico extender la mano y que los copos se deshiciesen en ella?−. Pero claro, nunca nevaba.
Aún así él esperaba tranquilo a que ocurriese y su sonrisa nunca huía mientras soñaba despierto, tampoco se sorprendía cuando llegaba la noche y nada había ocurrido.
Por las noches esperaba en la azotea a oscuras con su novela negra entre las manos a que el sol le alumbrase un par de páginas que leer. − ¿No sería magnífico poder leer mi novela rodeado de estrellas y la más grande de ellas alumbrando cada palabra de estas páginas? −. Pero claro, el sol nunca se mostraba antes del amanecer.
Aún así él esperaba tranquilo a que ocurriese y su sonrisa nunca huía mientras soñaba despierto, tampoco se sorprendía cuando volvía a su casa y dejaba la novela en la mesita de noche antes de dormirse y nada había ocurrido.
Siempre esperaba a que le ascendiesen en el trabajo, a que bajaran los impuestos, a que un día le nombrasen embajador en el espacio, a que su perro Trueno diese a luz a cinco cachorros. Siempre esperaba tranquilo a que ocurriese y su sonrisa nunca huía mientras soñaba despierto, tampoco se sorprendía cuando nada ocurría.
Un día entró en la tienda de las cosas inútiles, la tienda de segunda mano de su barrio. Allí nada funcionaba, ya lo avisaba el letrero: “COSAS INÚTILES”. Pero no pudo resistirse a curiosear entre todas aquellas maravillas.
− ¿Qué es esto? − preguntó al tendero −.
− Una semilla infértil − respondió −. Nunca crece nada de ella. No sirve para nada como todo lo que aquí encontrará.
Pero Eugenio ya soñaba despierto con aquella semilla… sería una flor púrpura de perfume muy dulce, tanto que todas las abejas la visitarían con sus pequeñas abejitas. La contemplarían durante horas y harían fotografías para enseñarles a sus vecinas de panal, lo magníficas que habían sido sus vacaciones.
− Me la llevo − no había quien borrase ya aquella sonrisa −.
El tendero guardó la semilla infértil en una diminuta bolsa de papel marrón, no sin antes recordarle a su cliente que aquella semilla no crecería. Era inútil como todas las cosas que allí encontraría.
Salió de la tienda caminando tan tranquilo como siempre con la diminuta bolsa entre las manos, tan sonriente como siempre.
En cuanto llegó a casa buscó un macetero en condiciones, tenía que estar a la altura de la flor que crecería en él. La cubrió de tierra, la regó y se sentó delante de a ventana a esperar. Espero todo el día, toda la semana. La semilla no crecía. La regaba cada dos días mientras imaginaba las vacaciones de las abejas, haciendo cola en el alféizar de su ventana con las cámaras preparadas para inmortalizar aquella maravilla.
Como si de un trovador se tratase relataba sus ensoñaciones a la pequeña semilla infértil, gesticulando con precisión la belleza de aquella situación. Pero la semilla no crecía.
Aún así, esperaba tranquilo a que ocurriese y su sonrisa nunca huía mientras soñaba despierto.
Ya había pasado un mes desde su visita a la tienda de las cosas inútiles, aquella misma noche hubo luna llena y mientras esperaba en la azotea, con su novela negra entre las manos, a que el sol alumbrase un par de páginas, sintió que la semilla crecería. Siempre tenía esa misma sensación mientras esperaba a que algo ocurriese, pero esta vez fue distinto.
Después de cenar fue a su mesita de noche a por su novela, como todas las noches. Con ella en la mano se dirigía a la azotea cuando su nariz sintió un pequeño picor. Algo dulce hacía cosquillas a su olfato. No tardó más de dos segundos en reconocer aquel olor de sus ensoñaciones, aquel perfume dulce embriagador. Se asomó a la ventana y allí estaba. Una preciosa flor púrpura había crecido. No se sorprendió al verla. Era lo que había estado esperando
A la mañana siguiente tomó la maceta entre sus manos y fue caminando tranquilamente a la tienda de las cosas inútiles. Detrás de él le seguía un ejército de abejas hipnotizadas que dejaban en el camino centenares de destellos.
Al llegar a la tienda todas esperaron en la puerta. Eugenio sólo tuvo que mostrar la flor al tendero para que se pusiese a llorar. No intercambiaron palabras, sólo sonrisas y lágrimas. Salió de allí triunfante, tranquilo y sonriente, como siempre.
Cuando el tendero salió a la calle, alertado por el zumbido, colgó el cartel de cerrado. Su negocio había fracasado. La esperanza ganó la partida.
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7/11/2007
“Es de oro el silencio. La tarde es de cristales.”
Juan Ramón Jiménez, Hora inmensa
Las noches que amanecen en mis manos.
El susurro del sinestético que insinúa
el secreto de la mescalina en mis pupilas.
Perfecta paradoja para mis sentidos.
¿Y qué si hoy me inundo
en una burbuja de humo libre?
¿Y qué si viajo con el vértigo
persiguiendo a mi propia voz?
Gano más que pierdo.
Estoy aquí de nuevo:
apreciando este principio de aire
de silencio,
buscando en los espejos de mis versos
los milímetros de una salida
de emergencia
empapelada de palabras
llenas de casualidad.
5/31/2007
Se buscaban entre la arena
siguiendo las coordenadas
de sus instintos.
Mientras la brisa dirigía
la brújula de sus manos
hacia el norte de sus labios,
el calor del sur pedía
ser próxima travesía.
El viento de tormenta
dio de baja sus tapujos,
los había arrastrado
bajo las huellas de pasión,
desvaneciéndose en la orilla.
Las olas empujaron sus ritmos
hasta que relámpago y trueno
invadieron la playa, sus cuerpos.
Y se fueron desnudos
expandiendo sus besos
como una epidemia,
calmando su sed
a lametazos con la lluvia.
5/17/2007
Anoche tuve una pesadilla que espero no se haga realidad, de ahí que haya decidido contarla (se rumorea que si cuentas los sueños no se hacen realidad, espero que con las pesadillas ocurra lo mismo).
El sol atacado por unas fiebres ajenas a su condición de dar vida,
se aliaba con el viento que por circunstancias misteriosas,
había aparecido aletargando la conciencia del astro.
Al parecer la culpa la tuvo abril
que al ser lluvioso entró en un circulo vicioso,
dejándose arrastrar por el destino del refranero.
El destino de mayo estaba marcado,
sol y viento pactaron con el diablo de las urnas.
Los efectos en el ser humano tardaron poco en dejarse ver:
los cerebros se derretían en el asfalto de la ciudad,
dejaban caer sus conciencias frente a oasis monacales,
entre puertos de especulación publicitaria
y cárceles futuristas de ciencia y arte millonarios.
Puro espejismo provocado por la fiebre
de un sol enfermo y un viento maldito,
habían sido estafados por gaviotas de apariencia humana. 4/25/2007
“Lo que más me ha gustado es escribir;
seguramente para que se supiera cómo soy, sin decirlo.
Creí que lo adivinarían. Una vez más me equivoqué”
Max Aub en Hablo como hombre (1967)
No soy más que un laberinto
que sufre las excentricidades de un tiovivo de alta velocidad
que ve el mundo desde arriba, desde abajo,
tan deprisa que pensar es llamar a gritos al vértigo.
Y tengo demasiadas pasiones inconfesables
-omitiendo ser más que el simple oxígeno de una excitación-.
Inquieta y trastornada por un mundo estático
que afila sus cuchillos mirando al sol
esperando un eclipse neuronal para matar.
Pero en la cesta llevo a Euterpe, a Calíope, a Erato
y a Sibilas que me acompañan en mi lógica difusa.
"El hombre es un animal comunicativo
porque no puede no comunicar ni dejar de descifrar"
Roland Barthes
Vuelvo en unos días, estaré hasta el sábado por Huesca en http://www.cprfraga.org/jornabib/
4/9/2007
Mandala* Celta.
*Mandala: circulo sagrado, símbolo de plenitud. La palabra "mandala" proviene del sánscrito y significa "círculo" o "centro sagrado"; también puede significar "portador de la esencia". El mandala simboliza la presencia de lo sagrado en la esfera de lo mundano. Los matemáticos sostienen que el punto situado en el centro del círculo no tiene dimensión. Esta "esencia" está contenida dentro del espacio limitado de una circunferencia. Dada su propia naturaleza, el mandala es un símbolo de lo ilimitado y eterno dentro de los límites de la relidad.
Pintar mandalas es la búsqueda del centro y la meditación de la esencia, encontrando la naturaleza sagrada de toda realidad.
Cuelga una cinta negra en el manillar
Los pedales inician un réquiem
Por alguien que debe descansar
Pero jugamos a pisar cereales
Creando latidos de versos blancos.
Lo admito. He vuelto a fumar.
3/23/2007
Embriagada del salitre de las olas
empujando los latidos de un puerto a otro
sin saber muy bien lo que digo
¿Qué palabras son estas que me acompañan
abrazando los débiles labios del silencio?
Entre pares y nones escogí la dulzura
de esconder las manos en los bolsillos,
como cualquier adolescente
arrastrando los pies por el asfalto
por miedo o tal vez nostalgia
de un pasado que es presente,
anhelando un futuro que no finge,
donde volar no es cuestión
de comprar nada a nadie
y el diablo no es el mejor postor
de las almas que viven dando la cara
-en mitad de una sonata
con un piano sin teclas,
en mitad de un cementerio
con una taza sin café,
en mitad de un testamento
con una pluma sin tinta,
en mitad de la Creación
con un pincel sin lienzo-.
Cuando mi cuerpo no sirva de nada
y se tumbe hacia el cielo
sobre las flores de enero
las que siempre acompañan
a la antorcha apagada
en busca del fuego,
entonces hablarán estos ojos
que tanto se escondieron
del pecado de la sinceridad.
3/21/2007 Las diosas Démeter y Perséfone representaban para los pueblos de la antigüedad los poderes de la naturaleza, su transformación y la emergencia cíclica. En la antigua Grecia, el primer día de la primavera era el día en que Perséfone, prisionera bajo tierra durante seis meses, volvía al regazo de Deméter, su madre.
Cuenta Homero que en el sureste de Europa hubo un tiempo en el que reinaba la eterna primavera. La hierba siempre era verde y espesa y las flores nunca marchitaban. No existía el invierno, ni la tierra yerma, ni el hambre. La artífice de tanta maravilla era Démeter, la cuarta esposa de Zeus. De este matrimonio nació Core, luego llamada Perséfone. Se trataba de una hermosa joven adorada por su madre que solía acercarse a un campo repleto de flores a jugar. Un día, pasó por allí el terrible Hades con su temible carro tirado por caballos. Se encandiló con Perséfone y la raptó para llevarla al subsuelo, su territorio. Deméter, al no encontrar a su hija y con una antorchas en cada mano, emprendió una peregrinación de nueve días y nueve noches. Al décimo día el Sol, que todo lo ve, se atrevió a confesarle quién se había llevado a su hija. Irritada por la ofensa, Démeter decidió abandonar sus funciones y el Olimpo. Vivió y viajó por la tierra. Esta se quedó desolada y sin ningún fruto ya que, privada de su mano fecunda, se seca y las plantas no crecen. Ante este desastre Zeus se vio obligado a intervenir pero no pudo devolverle la hija a su madre. Es que Perséfone ya había probado el fruto de los infiernos (la granada) y por eso le era imposible abandonar las profundidades y regresar al mundo de los vivos. Sin embargo, se pudo llegar a un acuerdo: una parte del año Perséfone lo pasaría con su esposo y, la otra parte, con su madre.
Lo que este mito indica es que cuando Perséfone regresa con su madre, Démeter muestra su alegría haciendo reverdecer la tierra, con flores y frutos. Por el contrario, cuando la joven desciende al subterráneo, el descontento de su madre se demuestra en la tristeza del otoño y el invierno. Así se renueva anualmente el ciclo de las estaciones y así explicaban los griegos la sucesión de ellas: el otoño y el invierno son tristes y oscuros como el corazón de Deméter al estar separada de su hija. La alegría y la serenidad retornan cuando vuelve con ella, es decir, cuando comienza la primavera
Deméter Diosa de la fecundidad de los campos, la Madre Tierra, diosa del trigo, que proporciona el pan. En la mitología latina es Ceres, que está representada como una digna matrona que porta dos antorchas, símbolo de nacimiento y de luz. Perséfone Representa a la primavera. Para los romanos era Proserpina
Zeus Padre de los dioses, dueño y señor del cielo. Hades Dios de los infiernos que rige en el Tártaro o Mundo de los Muertos. (Los dioses y sus símbolos)

3/17/2007 Yo tengo un sueño,
una ventana abierta,
un injerto de esperanza en la repisa
y la persiana
en las alturas atascada;
la luz constante
despejando cualquier duda,
matizando la nariz de la mentira.
En las cuerdas de tender
las lágrimas se secaron
regando con su muerte las quimeras,
recargando el tintero
que da luz a una nueva vida.
 3/9/2007 "ya saben todos, que soy yo el que roba
la luna de noche por ver como brilla
y que duerme en mi cama desnuda
saciando de llantos mi almohada,
me cuelga en el cielo
y me armo de espanto..."
(Quemar los poemas, Poncho K.)
Cada noche llama a mi puerta el delirio,
le abre paso el estómago insomne
convertido en atmósfera selectiva
de latentes pensamientos que acechan
en la tranquilidad de la oscuridad,
para hurgar en las entrañas de mi débil cuerpo
(cada noche repite su triste historia).
“Vengo desde el lejano eco
siguiendo los sollozos
de unos gritos ahogados en silencio.
Vengo a darle nombre a tus sentidos
y a que sientas la luz
más cerca de tus ciegas pupilas.
El mundo desmaterializa tus instintos
cuando el sol calienta sus hormonas
y así te deja expuesta, indefensa
a sus estrategias de sumisión semi-eterna.
Yo resucito en tu cuerpo gris
escalando los refugios de la almohada,
en la sombra de un colchón tabicado
por la mordaza de unos versos
que callan más que hablan.
Vengo a que despiertes
del despejado sueño de tu día,
a darte la cerilla de la hoguera
para que prenda el incienso más puro
en las escaleras del corazón del mundo,
para que la luna te revele su secreto
y descanse en tu lecho despierto.”
Y yo sólo puedo dejarme llevar
como la gota de agua que caerá.
Y escribir a oscuras las palabras
que esa luz me ofrece ahora.
¡Pase usted Delirio,
Bienvenido a mis quimeras!
A todos los poetas que confesaron haber escrito sus mejores versos
“demasiado cerca de la luz inexplicable de un delirio”
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